¿Y por qué no estás entrando a coger olas? –me pregunta una chica en el surfcamp.

Es verdad. Estuve los primeros días cogiendo olas pero había algo que no estaba funcionando en mi igual de bien que otras veces. Llevo todo el año escapándome al norte de España o las Canarias para coger olas, cada vez que me subo en la tabla me invade una sensación de felicidad y bienestar que ha hecho que me enganche más y más a esto.

Y estoy en Bali, estoy en el lugar en que todo el mundo tiene una tabla de surf y se levantan a las 6 de la mañana para entrar en el agua, en el lugar donde los chicos más guapos se concentrar para surfear y pasear sus cuerpos perfectos.

Me he sorprendido entrando en el agua y teniendo una sensación desagradable, asustándome ante olas más pequeñas de las que ya he cogido en otras ocasiones. Como una adicta, los primeros días buscaba esa sensación que conocía, ese buen rollo que te da estar en el agua, ese subidón de adrenalina y de dopamina, con el punto justo de cortisol. Todo estos son químicos que nuestro cerebro genera en situaciones de novedad, de estrés, de afrontar lo desconocido.

Y lo sorprendente era que ¡no lo encontraba!

¿Qué me estaba pasando?

He tardado tres días en entenderlo. Es algo que yo explico en los cursos. Algo que sé desde hace tiempo pero la respuesta no me ha venido inmediata.

Mi reflexión ha sido que si tienes un cerebro sano, tu cerebro tiene unas necesidades básicas. Hay estudios que afirman que son seis. Como ya he contado en otros artículos las dos primeras son la necesidad de rutina y la necesidad de novedad. Es decir, la necesidad de certeza y la de incerteza. Así es. No puedes vivir siempre dentro de la rutina controlada y cierta porque te aburrirías. Asimismo no puedes vivir siempre dentro de un entorno de novedad, de cambio y de incertidumbre porque acabarías agotado. Para vivir una vida feliz y plena deberás buscar el equilibrio entre estos dos conceptos.

La cuestión es que cuando vives la novedad, tu amígdala se activa buscando posibles peligros ya que se enfrenta a lo desconocido. Eso hace que ciertas sustancias como adrenalina, cortisol o dopamina entre otras se generen en tu cuerpo, para ser más exactos en tu cerebro.

¿Y qué me pasa a mi estos días? Vengo de la India, vengo de vivir una de las experiencias más intensas de mi vida, vengo de haber afrontado un voluntariado en un orfanato con niños malitos, muy mailtos… la producción de químicos del estrés, de químicos relacionados con la novedad, de químicos relacionados con el miedo y la activación de mi amígdala ha sido tan intensa en los días previos a llegar a Bali que durante un tiempo no puedo (y no quiero) gestionar nada que me haga reproducir estos químicos en mi cerebro de nuevo. No quiero afrontar el esfuerzo de ir a coger olas porque mi cuerpo se está recuperando, no quiero afrontar la sensación de algunas olas que requieren ese punto de adrenalina de más.

Así que me he preguntado ¿qué necesito? ¿qué es lo que quiero en este momento? Y mi respuesta es: simplemente la tranquilidad de lo conocido, la rutina de levantarme y sentarme a contemplar las olas, la rutina de un lugar como Canggu que ya conozco de otras veces, la rutina de hacer meditación y hacer yoga, de moverme entre las cafeterías que conozco y las personas del camp o mis amigos que viven aquí. No me apetece afrontar nada que sea nuevo o requiera esfuerzo. Nada.

Es muy curioso que una persona como yo que adora la novedad, los retos, las emociones fuertes, conocer a personas, viajar sola, una persona que cuando los días en Madrid se parecen demasiado empiezo a pensar en cuando ir a coger olas, es muy curioso que este sea mi aprendizaje de vida en esta experiencia. Es curioso cómo estoy evitando cualquier emoción fuerte y es curioso cómo estoy valorando mi rutina cuando vuelva a Madrid y deseando vivirla.

Es curioso como nunca dejamos de aprender sobre nosotros mismos, sobre nuestras capacidades, sobre nuestros límites…

..ahora tienes que estár abierto a querer aprender pero si lo estás, puedes estar seguro de que toda tu vida es aprendizaje.

¡Qué tengas una feliz semana!

Paloma